Y ahora déjame volar. Hazme
sentir la adrenalina del mundo corriendo allá abajo infatigable. Muéstrame el
rostro de un anhelo inmortal. Permíteme escapar de la soledad de esta ciudad
marchita. Concédeme, como a regañadientes, el privilegio de volver a ser tan
pagano, escéptico y crédulo como un niño otra vez.
Deja el bosque donde
crecen los sueños morir en la hoguera que ilumine estos nuevos viejos días sin
sol. Y dame una semilla que plantar y regar, para verla crecer en un espacio
alejado, inexpugnable donde no exista el dolor.
Ahora, muéveme,
sacúdeme. Rompe mis sentidos aletargados por las voces del pasado. Quítame
todas las fuerzas y solo entonces tiéndeme la mano para ayudar a levantarme.
Juega, diviértete.
Tómame, no dejes mi
carne sin flagelar, y en el momento de mis mayores súplicas muestra tu piedad.
Acaríciame, enséñame lo que existe después del sufrir.
Piérdeme en un vacío
de oscuridad sin nombre, y hállame cuando mi espíritu se vea doblegado. Ríete y
deja ver una distante luz en la inmensa noche, y empújame a caminar, llévame.
No dejes en mi nada
sin profanar. Refuta la más absoluta de mis verdades. Búrlate. Hazme ver el más
necio entre los necios y solo cuando de mi presuntuosa sabiduría nada quede
conviértete en mi fuente inagotable del saber. Reedúcame.
Desmerece lo más
sagrado que hay en mí, corrompe aquello de lo que alguna vez me sentí
orgulloso. Hazme saber no digno. Abre un abismo incurable entre mi vileza y tu esplendor
y ayúdame saltarlo.
Muéstrate distante,
inalcanzable, y cuando veas el despojo de mi humanidad vencida compadécete, consiénteme,
ven y esfuérzame a andar.
Concédeme la paz. Tómame,
hazme tuyo y yo estaré contigo hasta el fin de mis días.-
