martes, 18 de marzo de 2014

Anhelos de soñador

Y ahora déjame volar. Hazme sentir la adrenalina del mundo corriendo allá abajo infatigable. Muéstrame el rostro de un anhelo inmortal. Permíteme escapar de la soledad de esta ciudad marchita. Concédeme, como a regañadientes, el privilegio de volver a ser tan pagano, escéptico y crédulo como un niño otra vez.

Deja el bosque donde crecen los sueños morir en la hoguera que ilumine estos nuevos viejos días sin sol. Y dame una semilla que plantar y regar, para verla crecer en un espacio alejado, inexpugnable donde no exista el dolor.

Ahora, muéveme, sacúdeme. Rompe mis sentidos aletargados por las voces del pasado. Quítame todas las fuerzas y solo entonces tiéndeme la mano para ayudar a levantarme. Juega, diviértete.

Tómame, no dejes mi carne sin flagelar, y en el momento de mis mayores súplicas muestra tu piedad. Acaríciame, enséñame lo que existe después del sufrir.

Piérdeme en un vacío de oscuridad sin nombre, y hállame cuando mi espíritu se vea doblegado. Ríete y deja ver una distante luz en la inmensa noche, y empújame a caminar, llévame.

No dejes en mi nada sin profanar. Refuta la más absoluta de mis verdades. Búrlate. Hazme ver el más necio entre los necios y solo cuando de mi presuntuosa sabiduría nada quede conviértete en mi fuente inagotable del saber. Reedúcame.

Desmerece lo más sagrado que hay en mí, corrompe aquello de lo que alguna vez me sentí orgulloso. Hazme saber no digno. Abre un abismo incurable entre mi vileza y tu esplendor y ayúdame saltarlo.

Muéstrate distante, inalcanzable, y cuando veas el despojo de mi humanidad vencida compadécete, consiénteme, ven y esfuérzame a andar.

Concédeme la paz. Tómame, hazme tuyo y yo estaré contigo hasta el fin de mis días.-