lunes, 25 de agosto de 2014

Messi no es argentino

Me dispongo a escribir estas líneas, que empecé a masticarlas luego de que en el primer partido del FC Barcelona después del mundial, Lio anotara dos goles. Con esto va encaminado a alcanzar y batir un nuevo record, el de Telmo Zarra, y convertirse en el máximo goleador del fútbol español.

Este pasado domingo, con la noticia reflejada en cuanto medio se pueda imaginar, me llegó este pensamiento que me inquietó; Messi, no es argentino. Yo se que el pibe nació en la ciudad de Rosario, Santa Fe, pero en ningún caso eso me parece determinante. De muy chico abordó en Ezeiza, junto a su padre y familia, el avión que lo hizo cruzar el océano. Por causas de una enfermedad que no le permitía crecer y porque su familia no contaba con los recursos para tratarlo.

Digo y sostengo que Messi no es argentino, porque de muy bajito se fue a España, y Barcelona lo adoptó, y hasta en algún momento pretendieron hacerlo suyo. Era muy pibe y quizás pudo haberse confundido, con las tres cuartas partes de su vida viviendo como un catalán. Yo recuerdo perfectamente cuando olvidó la letra del himno nacional, algo que nos dolió a todos.

La sola idea de aceptar que ese loco bajito no es argentino, a decir verdad, me molesta. Mirando sus jugadas, gambetas, goles en youtube me llego a indignar. No, no es argentino. Estaba viendo, antes de terminar por decidirme a escribir un video que no había visto antes, un compilado de algunos pocos minutos. Mayormente llevaba puesta la azulgrana, y aunque a veces alternaba con la albiceleste, yo me preguntaba, ¿por qué decimos que es argentino? No basta un simple trazo de tinta en un papel que acredite el lugar de nacimiento. Eso no significa nada para mí, un simple trozo de papel no hace de nadie nada.

Messi no es argentino y toda la culpa es de él. Es el único responsable de no serlo. Lionel, con su modestia y humildad, es alguien, según dicen, tímido, que lo único que le importaba cuando mas chango era jugar al fútbol, y se fue, con sus gambetas a otras tierras.

No es argentino el tipo que con su talento rinde a los más grandes, cuando toma la pelota y la lleva de paseo, y con ella baila. Escribo estas líneas y a medida que avanzo me convenzo más de lo acertado de mi conclusión. Lo estaba viendo, cuando encara, con la mirada desenfocada, perdida, casi como obsesionado, a tal punto que me llegó a parecer insano, porque acaricia la caprichosa bola, y en sus pies ella se rinde. Por un momento parece que lo son todo, el Diez y la pelota. Una pareja inseparable y el deseo más puro de entregarse el uno al otro. Romeo y Julieta haciendo el amor en un estadio de fútbol y el clímax es el gol.

No es argentino ese loco bajito, que tenía una enfermedad que le impedía crecer, y la pelota, su eterna enamorada lo sigue en la danza del compás de sus pies.

Lionel Andrés Messi no es argentino, y él es responsable por eso, por ser lo que es, porque la genialidad no reconoce de fronteras. Somos egoístas cuando pretendemos adueñarnos de él y de su magistral talento. Es nuestra avaricia y egocentrismo lo que nos lleva a mezquinarlo como propio porque nació y es un hijo de este bendito suelo y no deja de llenarnos de orgullo. No nos corresponde, no nos pertenece.  A su magia y a su sutileza no le importan las banderas. Lio es del mundo entero. En su pasaporte debería rezar que es de la patria del fútbol, donde nunca se pone el sol. El Diez es del fútbol y el fútbol, como la risa de los chicos, es la alegría de todos.


Si algún día alguien me pregunta por las maravillas que vi, yo solo diré que vi al Diez y a su novia haciendo el amor. Por el milagro del fútbol; ¡MUCHAS GRACIAS DIEZ!