Si dos, no alcanza la distancia para volverse silencio.
En las
tinieblas, otra vez las miradas cruzaron, como rehenes de un mismo dolor.
Viajando
en el viento, acordes de guitarras sonando y resucitan el Sol.
Ahora es el fuego incierto, enigmas que el tiempo desvela.
El
día se hizo campos de luna, de noches y de estrellas, entre murmullos de ecos
inmortales.
Al cielo una cometa, buscando la luz de sus ojos negros, como mi
ser.
Yo temía al tormento de la oscuridad y eso no me retuvo. Pero si
hubiese conocido el peligro incandescente de la eternidad, entonces hubiera
vacilado. ¡Ay de mí y de mi tonto ángel!
En algún lugar y tiempo, la voz de los que no están mis anhelos
compartirán.
Yo que cargo la bomba, no
tengo una razón para inmolarme.
