martes, 22 de julio de 2014

Sociega

Pronto llegará el día en que debamos admitir nuestro fracaso. No ha sido por falta de recursos que sucumbimos, sino porque convertimos la aventura del pensamiento en una comedia, donde los actores del mercado se llevan toda la atención. Nos aburguesamos y descansamos sobre los marchitos laureles de una revolución agotada.

Ningún espacio dejamos al vehemente huracán de la transgresión, cimiento profundo de la creación. Derrochamos la obra y la bohemia se ha convertido en un mero chusmerío de trasnochados, que más que de trasnoche padecen insomnio, y así vamos por la vida, dando tumbos por la falta de sueños y estrellas que contar.

Un lamentable destino para quienes habíamos sido concebidos y nombrados señores de todas las bestias. Capitulamos, de forma escandalosa y vergonzosa ante el lenguaje binario y un dios de indigente valor convertido en le gobernador totalitario de nuestras empresas. 

La utopía, como la soñó Geleano, se muere olvidada en un rincón, y entre trastos y polvo nosotros con ella.

Guerra mundial Z, y después un nuevo amanecer.