Durante
horas de insomnio, en tiempos de reposo, en sueños de malogradas poesías que
nunca verán la luz y también en largas jornadas de recuerdos, mas largas, mas
agobiantes desde que conocí lo hostil que me resulta el mundo solo por no poder
hallarte.
¿Donde
estas? ¿En qué oscuro abismo te refugias para no escuchar mis llamadas? ¿O es
que ya nada queda de lo que supiste ser?
Te estoy
llamando, le estoy hablando a tu corazón guerrero, con el susurro del viento en
tus oídos, con la luz de las estrellas que iluminan tus noches. En el día y en
las sombras de la noche te estoy llamando. Enfrentando las caras de quienes no
entienden te voy buscando. Es que hay muchos por ahí que nunca comprenderán,
pero cielo y horizonte condenados a entenderse están.
Es a vos
a quien busco en el ruego de mi pobre lírica cual poeta mediocre busca la
inspiración y ya he malgastado mil palabras tiñéndolas de complacencia, de
conformismo, de mentiras, para luego volver a caer en la realidad de que
necesito encontrarte.
Te busco
y no te puedo hallar. ¿Te seguirás escondiendo de mi? ¿No vale la pena intentar
vivir un sueño?
Fue en
invierno y aunque la primavera llegó sigue siendo frió y duro invierno para mí.
Es que en mi cielo no hay Sol que ilumine mis mañanas, todos los días son grises, monótonos, como si el tiempo se arrastrase en un lamento por no poder encontrarte. ¿Porque te niegas a escuchar mi vos?
Te
estoy llamando. ¿Dejaras que mis llamados se pierdan en el tiempo y el olvido
se haga carne y los tape en su sombra?
Sigo buscándote,
buceando en este mar de incomprensiones, de delirios impacientes, de ansiedades
mal curadas, de locuras, de agonías con manchas de que no estás.
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