La verdad oculta tras la sombra del orgullo, aún persisten esos
malditos fantasmas que dieron forma a la nada que fuimos.
Nos conocimos enredados en un viaje de sábanas y corazones
intrépidos. Jugando a escondernos en una dimensión paralela y nos robamos una
historia que ningún buen detective pudo descubrir.
Casi como garabateados en la obra de un artista, genio, loco y rebelde
a la vez. Nos imaginamos montados sobre un poderoso corcel, confiando nunca
perder el control de las riendas. Fuimos imprudentes y hasta quizás negligentes
negando nuestras propias miserias. Vos tan infiel, yo tan inseguro, ambos con la
adrenalina de bandidos adolescentes. A nuestro alrededor el mundo corrió con
premura infatigable.
Apenas unas pocas páginas después dimos a nuestras almas una tonta
utopía. Fue al principio, y la pasión de la que estábamos hechos se fortaleció
ganando un par de lances sin cartas en las manos. Atrevidos y con el azar de
nuestro lado, casi sin darnos cuenta, fuimos a más.
Artífices de un nuevo cielo nos creímos víctimas de la arrogancia
de la juventud, con el juicio embotado por las maravillas que juntos
descubrimos. Mientras la vida pagaba la vuelta, matándonos en una cama de hotel
nos reíamos de la insipiente tormenta en nuestro horizonte.
Siguiendo malos consejos trazamos un camino, reímos, creímos, vivimos.
Con algo de ingenuidad dejamos crecer nuestros miedos. Hoy lo sabes tan bien como
yo, el egoísmo habló y mutiló las alas de nuestro ángel. Sin querer nos
refugiamos en la soledad absoluta, cobijando silencios entre los dos.
Todo transcurrió tan veloz y a la vez tan lento que un día como
cualquier otro nos enfrentamos a ese dios berreta al que los tontos llaman
destino. Inmersos en la vorágine de nuestras
locuras, vos te armaste de vanidad, mientras tanto yo, incapaz de comprender
aquél nuevo terreno de batalla blandí un arma de doble filo llamada ansiedad.
Pobre de mi, ahogándome en el mar de mis melancolías, viendo las
verdes campiñas convertirse en mil desiertos, cada vez más secos, cada vez más
fríos. Pobre de vos, en la distancia, royendo las intrigas de tu soledad, durmiendo
con los ojos abiertos por el miedo que te provocaba soñar.
Cobardes los dos, como una hoguera sin leña nos fuimos apagando,
convirtiéndonos en extraños con una historia en común. El tiempo se nos fue.
En mi última confesión quise decirte que si alguna vez intenté
volver el tiempo atrás no fue por compasión, ni tampoco por la lobreguez
espantosa de esta ciudad que me estigmatiza, sino porque aún tenía muchas
promesas por cumplir.
El fin del juego llegó y a veces me pregunto si valió la pena esperar, tantos días, tantos meses, tantos años...(1) en la ruleta a punto y banca malgastamos
nuestras últimas fichas, vos tan fría, yo tan gris.
(1)_ La joya de la abuela - Zambayony - del disco Búfalo de Agua.

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