miércoles, 7 de diciembre de 2011

Cuento epico fantastico: "La leyenda de la Princesa del Sol"

Hoy publico la segunda parte de una historia q escribí hace ya algún tiempo. Respetándome a mí mismo y a las razones q en su momento tuve para no hacerlo, por más q hoy no me parezcan tan valederas como entonces decidí no publicar la primer parte, sino una continuación reciente.

He de aprovechar para comentarles q jamás antes había puesto "títulos" a mis cuentos, historias, textos, delirios (como quieran llamarlos), simplemente los escribía y ya, la "titulación" surge desde una necesidad implícita en la publicación,

es la carta de presentación q di a los escritos y aunque a veces se corresponda con el desarrollo de la historia, en otras puede parecer no tener vinculación.

Desde mi humilde lugar creo q la historia es una, no se detiene, no importa si alguien la relata como tal, mas solo será una página en un gran libro q es el pasado q no vivimos y el futuro q no veremos. La historia continua, solo cambian los intérpretes.

Este fragmento se titula La historia dentro de la historia, y si se deciden a perder algunos minutos leyéndola

espero se logre entender porq.

LA HISTORIA DENTRO DE LA HISTORIA.

Talbakien había terminado su relato y el silencio gobernaba la sala en ese momento. Yo, y creo todos, estábamos

aun bajo el encantamiento de tan maravillosa historia. Me detuve ensimismado en los pensamientos rememorando lo q había escuchado, viendo aun las imágenes de los caballeros en sus monturas de plata, cabellos al viento blandiendo sus espadas, la rosa de los vientos. Por la ventana el sol caía incendiando el occidente, era una fría tarde de abril de un año q no tengo en la memoria.

Pasados algunos minutos Kahn se puso en pie, se acerco a la hoguera y arrojo un par de leños nuevos para reavivar el fuego q casi al instante volvió a chisporrotear una danza de llamas, luces y sombras olvidada por los hombres. Kahn era un tipo serio, de esos q hablan poco y dicen mucho, metro noventa estimo, su pelo castaño mechaba con grises canas, barba tipo candado aunque un tanto desarreglada, sus facciones eran rusticas, tez morena marcada por muchos soles e inviernos. Se paro en medio de la ronda a la mirada expectante de todos q aun parecían adormilados por los relatos q pasados. Saludo a la ronda, mirando con una majestuosa imponencia, un espectáculo existencial de la presencia, y luego de agradecer a Talbakien pidió permiso para contar su leyenda. Su vos, q nunca antes había oído, era grave y armoniosa y tenía un acento extraño. Nos hablo un momento de él, cuando niño y de las veces q se había sentado al fuego, allá en un país lejano, junto a su viejo abuelo a escuchar sus historias. Esta era precisamente

una de aquellas.

Mientras sacaba del bolsillo de la gastada chaqueta una pequeña cajita de madera en la q atesoraba algunos papelillos y un poco de tabaco para armase un cigarro q encendió con un tizón de la hoguera, un vaso de vino tinto o algún licor acompañaron las primeras pitadas. Y así empezó su casi místico relato, La leyenda de la princesa del Sol.

-rodeado de montañas, hubo un valle q el hombre olvido y quizás por eso no se sabía de maldad en el. Nadie recuerda

ya el nombre de aquella damisela, pero a lo largo de los años se ha dicho q era la más hermosa doncella q alguna vez piso el mundo. Su padre era Marrh, un gran rey, de alta nobleza y la más alta estirpe.

Cuando Marrh soñó un lugar para ella pensó en un paraíso, lejos de la oscuridad y de la maldad del mundo, así es q durante largos años, ya siendo rey trabajo reforzando las murallas de la ciudad, haciéndolas más altas, más anchas con un arte o artificio q ya se ha perdido en el tiempo y no existe hoy hombre ni maquina q puedan igualar. La ciudad estaba escondida a los caminos del resto de los pueblos del mundo y si bien todos conocieron su nombre nadie hubiera podido llegar a ella, montañas al este, sur y norte cerraban el paso, un bosque de mil árboles y el mar al poniente hacían de esta la ciudad mas inexpugnable, mas oculta de la historia toda.

Se dice q el sueño de Marrh fue dejar a su hija volar, tan alto y tan lejano q ni siquiera Ícaro en sus sueños pudiera alcanzarla y por esto había extremado las precauciones, lo logro...... (bueno, al final ustedes verán cuanto logro).

Los años se sucedieron, hasta q la princesa alcanzo la edad de la juventud, había vivido una vida apacible, y había aprendido todo cuanto era costumbre en aquellas tierras. No hay termino en la lengua de los hombres para describir la belleza de su rostro, una luz parecía acompañarla y su corazón era el más puro del q aun se tenga memoria, así fue q la maldad se aprovecho de su inocencia.

Era un día frio q anticipaba el fin del verano y la pronta llegada del otoño, las hojas de los arboles empezaban a amarillear al costado del camino de piedras blancas como la nieve. Como era su costumbre la princesa caminaba bajo el sol de la tarde. Ese era el camino q bajaba del palacio de oro hasta las márgenes del mar y terminaba en una barranca abrupta donde las olas se estrellaban contra las rocas salientes. Las gaviotas volaban en el cielo limpio perfecto. A lo lejos los barcos de los pescadores volvían al puerto después de su rutina. Así fue q el viejo y tramposo destino, en una de sus habituales tretas la cruzo con Huor. Huor era el jefe de la casa de los portuarios, un hombre alto, robusto y dueño de una gran riqueza q había heredado de sus padres, además era el capitán del navío mas grande y su insignia era un cisne negro con fondo color verde musgo. Hacía tiempo el padre de Huor, Harin había caído de su barca al mar, había desaparecido y nunca se supo mas nada. Las viejas q frecuentaban el puerto solían chismorrear otras historias, de como Huor celoso del prestigio y la fama de su padre lo había empujado por la borda, mas Huor desestimaba esas murmuraciones, se reía y las llamaba cuentos de viejas. Después de la desaparición de Harin, q Huor no lloro, ni se mostro apenado, fue q ese hombre se convirtió en el jefe de la casa de los portuarios, se hizo del navío mas grande y rompió el escudo del ancla y el delfín tomando por distintiva el cisne negro. No había maldad en aquel país y nunca nadie habría tomado en serio los dichos de las viejas, cosas como esas no eran sino tomadas por fascinaciones.

Después de hacerse dueño de la fortuna de su padre, Huor había marchado una y otra vez al palacio del rey a pedir la mano de la princesa, mas el rey q nunca mentía y por eso no era fácil de engañar siempre desconfió de los verdaderos propósitos de Huor.

Incontables peregrinajes había hecho el marino y una y otro ves se volvió con las manos vacías, algunas veces los hombres de su tripulación lo habían visto mirar desde la proa de su barco al castillo dorado y levantar el puño como en señal de amenaza, mas el tiempo pasaba y Huor no parecía resignarse.

Aquel día la princesa caminaba sola rumbo a la barranca de las gaviotas, fue entonces q Huor la vio, un brillo fugaz apareció en sus ojos. Tantas veces la había codiciado y nunca siquiera había podido acercársele. Esta vez no dudo en ir por ella y dejando todo cuanto debía tomo el camino de piedras, primero apurado, casi desesperado, pero poco a poco al acercarse fingió despreocupación. Quien tanto tiempo tiene se toma tiempo pensó y del modo más lento y estúpido posible alguien así puede llegar muy lejos.

Huor era un regular marino, nunca había igualado a su padre, mas le gustaba vanagloriarse con historias de proezas propias y ajenas q el contaba como propias. Si no era buen marino, digamos al menos q era de lengua hábil, capaz de convencer al más obstinado de los mercaderes y conseguir una rebaja. Se oculto tras un viejo, pero robusto roble y espero impaciente a q la princesa se acercara y para salir a su encuentro.

Huor supo entonces averiguar cuánto hacia la princesa, los caminos q recorría, los horarios, cuanto amaba ella el cantar de los pájaros, sus visitas al mar y ver el sol hundirse en el horizonte. No estaba preparado aquel inocente corazón para la vil destreza de ese hombre, no era ella capaz de comprender sus verdaderas intenciones, y así fue q Huor forzó uno y otro encuentro, al principio haciéndolos parecer casuales, engañando los oídos con palabras dulces como miel pero q venían de un negro corazón.

Grande fue la desdicha de Marrh cuando supo q su hija se había enamorado de aquel hombre, y aunque intento persuadirlano lo consiguió. Huor se apresuro en fijar el día de la boda y antes q acabe el año se convertía en príncipe y con ello completaría la primer parte de su plan.

Mas allá de los intentos por posponer la unión de su hija con Huor, no hubo mucho q pudiera hacer el rey, ella parecía hechizada por las palabras de Huor, quien ahora regalaba panes y odres de vino a los pobres y costosos manjares fruto de la pesca a los ricos de la ciudad, y nunca desperdiciaba oportunidad en injuriar al rey en los banquetes q acostumbraba o cuando hacia caridad ganando adeptos. el rey, estaba convencido de las bajas intenciones y del mal destino q se había apoderado del corazón de su hija, así fue q un día decidió convocar a su futuro yerno al palacio para así intentar persuadirlo, mas Huor q ahora se había vuelto arrogante con el rey se negó a concurrir, -si el rey quiere hablarme, pues q sea el rey quien venga a mí, nada tengo para decirle a ese viejo, pero si viene me oirá- entre risas fue la respuesta q dio a los emisarios, antes de echarlos escaleras debajo de su vieja casona ubicada en la parte alta de la ciudad q era lindante con el puerto. Cuando el rey lo supo, dejando de lado su nobleza y su orgullo se decidió a ir el mismo, a pesar de las recomendaciones de su sequito q temía por su seguridad.

Nunca antes un rey había salido de los barrios altos q rodeaban al palacio, pero este no era cualquier rey, era Marrh, el más grande y el mas bien amado por su pueblo, por la prosperidad q había traído en sus largos años de reinado a aquel país, todos lo amaban y respetaban, al punto de dar la vida por él. -Iré, e iré solo -dijo-, nada he de temer caminando entre las gentes de mi pueblo-. Y así fue como el señor de la ciudad bajo de su castillo hasta la casa de los portuarios, y a su paso los hombres lo saludaban y hacían reverencias.

Pronto hubo un revuelo y en toda la ciudad se corrió la vos de q el mismísimo rey caminaba por las calles de camino al puerto, por supuesto Huor no tardo en saberlo y con una sonrisa burlona cerro puertas y ventanas y se dispuso a esperarlo.

Cuando el rey llego toco la puerta pero no hubo respuesta, y solo después de insistir repetidas veces por fin consiguió acceder a la sala de la vieja casona, un lugar frio y húmedo, sin lugar para sentarse más q un solo sillón junto a una hoguera semi apagada y q por supuesto estaba ocupada por el dueño de casa.

Nada se supo de lo q dijeron entonces, mas el rey salió con la mirada baja de aquel recinto, una sombra pesaba en sus ojos y oprimía su corazón y una vez en su palacio con nadie quiso hablar de lo ocurrido. Días después Huor en la taberna del viejo Beto, luego de emborracharse en soledad, pues pocos de los hombres querían mostrarse junto a él a causa de su arrogancia, salió hablando en vos alta para q todos lo oyesen y contando como el rey se había humillado ante él y como había suplicado y ofrecido títulos y joyas, mas él no lo había aceptado, pues los años ya pesaban sobre el rey y cuando este dejara su trono el se habría de convertir en el señor de ciudad.

Los días pasaban y una sombra de incertidumbre parecía haber caído en la ciudad, los días se hicieron semanas, las semanas meses y nadie supo del rey, algunos decían q el rey se había marchado, otros q había perecido en la tristeza. Lo único verdadero es q el rey y su melancolía se habían encerrado en su habitación para no volver a salir,largo tiempo paso para q sus más fieles colaboradores pudieran convencerle de llevar algún sustento a su habitación. Lo q aquellos hombres vieron entonces les lleno de tristeza el corazón, ese hombre ya no era el poderoso gobernante q habían conocido, estaba demacrado, había caído preso de la edad, pero más aun del dolor y la pena.

Mientras tanto los preparativos para la boda seguían su normal curso, Huor reparaba hasta en el más mínimo detalle y ante la ausencia del Rey se había adueñado del castillo, había echado a quienes habían intentado oponérsele y puesto gente de su confianza. Durante el día Huor trabajaba en los preparativos y se inmiscuía cada vez más en los asuntos del reino, nadie parecía poder oponérsele y si alguien lo enfrentaba o contradecía inmediatamente era arrestado por traición o desterrado del reino bajo pena de muerte. Durante las noches peregrinaba a la alcoba de la princesa, quien estaba encerrada bajo llave y cuando alguien preguntaba por ella Huor solo se limitaba a decir q ella no iba dejarse ver hasta el momento de la boda. Este cambio de actitud en las costumbres de la princesa lleno de incertidumbre a muchos en el palacio.

Septiembre ya estaba avanzado y en los campos la primavera empezaba a despuntar, los arboles se volvían a llenar del canto de los pájaros y el aire se impregnaba de la fragancia verde de los bosques y las flores. La celebración del plenilunio, una tradicional fiesta en aquel país esperada por todo el pueblo pues el rey acostumbraba dispensar dones fue cancelada sin más explicaciones por Huor. Elarian, senescal del rey intento llegar a él, pero los guardias lo detuvieron y lo llevaron a Huor para ser juzgado, quien confisco sus bienes y lo expulso del reino. Esa noche Elarian antes de q se ejecutara la hora de su partida trepo los muros del palacio, oculto en las sombras y en complicidad con algunos guardias aun leales al rey q lo dejaron pasar logro acercarse a la sala de la princesa. Dos hombres con el emblema del cisne negro hacían guardia en la puerta, las esperanzas de Elarian se desvanecieron y lloro amargamente su destierro. Pero algo ocurrió entonces q le devolvió las esperanzas, corredor abajo escucho unos pasos q subían las escaleras, espero un momento y Huor llegaba como era costumbre ya a sus visitas nocturnas a la alcoba de la princesa, los guardias al verlo se alejaron, la puerta se abrió y Huor rápido como una sombra se introdujo en la habitación,la puerta se cerró detrás de él.

El fiel senescal se asomo cuidando de no ser escuchado por los guardias q se habían alejado, pero aun permanecían en el pasillo principal escaleras abajo. Lo q Elarian oyó lo termino de convencer de tomar acción aunque no sabía cómo. la princesa lloraba su impotencia, rogaba poder salir de su encierro, pero el severo hombre no se apiado -nunca saldrás hasta q yo sea rey- dijo -y después pensare q hacer con este animalillo cercado en su madriguera- los pasos se volvieron hacia la puerta y Elarian ante el temor de ser descubierto huyo por el corredor hasta una de las ventanas, salto por ella hacia un cobertizo y escapo fundiéndose en las sombras de la noche, una trompeta sonó en el castillo y un revuelo de gentes q corrían de un lado a otro buscando al intruso salió tras él, pero a la salida del sol volvieron sin rastros de la presa.

Elarian oculto en la clandestinidad empezó a tejer la red de un plan, aun contaba con algún puñado de buenos hombres fieles en el castillo y así logro convocar al jefe de la guardia del rey q en secreto se oponían a la tiranía de Huor, y juntos aquel puñado de hombres planearon dar muerte al usurpador, rescatar a la desdichada princesa y restablecer el trono al infausto rey. El ataque se daría durante la boda, Elarian y una veintena de hombres se abrirían paso a la alcoba de la princesa para rescatarla de su cautiverio y ocultarla en la ciudad, mientras tanto Turgon, el jefe de la guardia con sus hombres aprovecharía el desconcierto en las gentes de Huor q irían en busca de la princesa y así atacarían el castillo, cuando haya menor resistencia. Necesitarían más hombres y también armas, así q contaron la ayuda de uno de los mensajeros de rey,Cirdan se encargaría de desviar un cargamento de armas destinado a los guardias del cisne y Elarian se encargaría de repartirlas. En las plazas y mercados algunos agitadores llamarían al pueblo a la rebelión y marcharían al castillo de oro a exigir la liberación del rey. Un plan basado en una necia esperanza, suponer q un puñado de hombres derrotaría a un ejército en su castillo, sin embargo confiaban en poder llevar adelante al menos una de las partes y quizás con esto bastara. Si la princesa era salvada de las garras de Huor antes de la boda este jamás se convertiría en príncipe y por lo tanto no tendría derecho al trono, si Turgon lograse aprovechar el desconcierto y caer sobre el jefe de los portuarios todo abría acabado y si aun estos fallasen aun Huor debería vérselas con el reclamo de una multitud q pediría por el rey en las calles.

Septiembre llego a su fin y los días de octubre, el mes de la boda, habían llegado. Las reuniones de Elarian y Turgon se sucedían con mayor frecuencia q nunca, ultimando detalles, Cirdan uno de los pajes de armas del rey había logrado desviar el cargamento de armas q iba destinado a los hombres del cisne y se lo entrego al senescal. Todo estaba listo ya dos días antes, las armas habían sido repartidas entre los hombres, el plan se había repasado hasta el cansancio, los agitadores tenían sus libretos listos y las esposas habían bordado el estandarte real en un lienzo negro para q sea portado por los hombres en las calles.

El día de la boda amaneció frio, los primeros rayos del sol iluminaron el castillo y la ciudad despertó y pareció recobrar parte de su antiguo esplendor y alegría. Huor había hecho anunciar la boda en todos los confines del reino y se hicieron costosos regalos a todas los habitantes según su condición de nobleza y fortuna, las calles se regaron del vino mejor y todos los q no estaban invitados a la boda fueron invitados si a concurrir a las plazas y mercados más importantes de la ciudad por los q la pareja real pasaría en una recorrida q Huor había planeado por la ciudad para q la muchedumbre pudiera contemplar la majestad de su futuro rey. Acercándose la hora Elarian y los suyos fueron tomando posiciones, debían saltar los muros del palacio y una vez ya adentro luchar contra la guardia del castillo y llegar a la princesa, para el escape bajaría hasta los establos por los corredores de servicio y montarían a caballo hacia las montañas del sur. Una vez afuera Elarian y sus hombres seria el turno de Turgon atacando la cámara del trono donde se encontraría Huor esperando la ceremonia. Pero algo paso al margen de los planes de los hombres.

Cuando Elarian salto los muros y se disponía marchar ir en busca de la princesa se vio rodeado y triplicado en cantidad de fuerzas. Los hombres de Huor estaban advertidos y estaban esperándolos. Viéndose en las peores condiciones q jamás había imaginado el senescal sin tener mucho mas q hacer depuso las armas y evito el vano derramamiento de sangre de sus hombres q tan bien le había servido hasta el último momento. todos fueron desarmados y puestos bajo arresto, los ojos vendados, las manos amarradas a la espalda, fueron guiados por los corredores del palacio sin saber a dónde, -a alguna mazmorra húmeda, fría y sucia especialmente preparada para la ocasión- pensó Elarian, los guardias se burlaban de él y le dijeron q Turgon corría la misma suerte, las esperanzas se morían. En ese momento Turgon se largaba a la carga en soledad contra los guardias de la cámara real y era capturado y tratado de igual manera q sus soldados, en un último arrebato de ira golpeo al capitán q lo arrestaba cortándole dos dedos de su mano izquierda. En las calles los agitadores fueron detenidos uno a uno y llevados al palacio y Cirdan, el paje de armas del rey como paga por haber traicionado a sus amigos, probaba ahora la traición de Huor y era encarcelado en la más profunda mazmorra. Así terminaban las esperanzas de quienes habían crecido libres y ahora se encaminaban al inexorable fin de sus sueños, nadie sabría decir si los pájaros cantaran mañana.

La princesa fue traída a Huor y la ceremonia paso fría como un mero acto de protocolo, el rey q había sido obligado a asistir por el ahora príncipe no pronuncio palabra, de los ojos de la princesa cayeron lagrimas cuando el ministro la desposo y entonces Huor paso al estrado, había anticipado una sorpresa para todos los invitados una vez terminada la ceremonia y antes de asistir al gran banquete, tomando la palabra menciono como unos enemigos sin nombre del reino habían intentado asesinar a la princesa, a él y generar disturbios entre la muchedumbre, esto es algo q no podemos permitirnos en nuestro amado país y estos hacedores de maldades deben ser castigados con la más dura de las penas, así q llevo a la multitud al patio del templo. En el patio se habían colocado cincuenta y cuatro postes y en cada uno estaba atado un hombre, dos postes estaban al centro y adelante y en ellos estaban Elarian y Turgon, fieles servidores del rey con los ojos vendados y con rastros de haber sido torturados hasta minutos antes, a una señal de Huor los guardias empezaron a prender fuego a los postes. Un espectáculo macabro como nunca jamás se había visto en aquel país de paz y prosperidad. Muchos de los presentes intentaron darse vuelta, escapar al horroroso espectáculo, pero los guardias habían cerrado las puertas y con látigos y fustas golpearon a quienes se daban la vuelta o cerraban los ojos para no ver, en ese momento el rey cayó de bruces suplicando a piedad a los pies de Huor quien reía y se burlaba oyendo el sufrimiento de los desdichados hombres.

Un guardia tomo al Rey Marrh por un brazo, forzándolo a ponerse en pie y a contemplar el salvajismo, Marrh se resistió, y entre tironeas y empujones se libro, el guardia saco un puñal en señal intimidante y amenazo al rey, q no presto atención a las advertencias y amenazas, el guardia asesto un certero golpe al cuello del rey q callo desangrándose con los ojos abiertos al sol de la media tarde, la princesa corrió desesperada en su auxilio ya inútil mientras Huor se proclamaba como nuevo rey, las lagrimas llenaron los ojos de ella, su corazón latió desenfrenado y en un fugaz movimiento arrebato de las manos del guardia el puñal manchado con la sangre de su padre, se arrojo sobre Huor enterrándoselo en el pecho, un brillo rojo paso por los ojos de Huor, la sonrisa se apago en su rostro, sus manos buscaron su pecho y se empaparon en sangre, su mirada se nublo, una sensación de terror q nunca antes había sentido, sus piernas se doblaron y se vio caer lentamente al piso, intento hablar pero de su boca no salió mas q un balbuceo ininteligible sintió frio y después.... oscuridad.

Quizás como un ultimo deseo de Huor o en una maniobra desesperada sus hombres atacaron a la impávida muchedumbre, hombres y mujeres cayeron bajo el frio acero de las espadas, pero un último grupo de guardias fieles al difunto rey q se habían mantenido al margen hasta ahora se hizo a las armas y enfrento a los hombres de Huor. La batalla se propago por el castillo y por las calles de la ciudad, algunos hombres furiosos corrieron al distrito portuario a incendiar las naves y los edificios, y en pocas horas el fuego se había hecho dueño de la ciudad, había pasado del puerto a los caseríos bajos y siguió propagándose de un lado a otro hasta q al atardecer toda la ciudad ardía en llamas, los hombres aun luchaban en las calles y en medio de los gritos y los lamentos la princesa caminaba por aquel camino de piedras hacia el mar, dicen q la vieron ir por las aguas hasta y llegar al sol, mas nunca se supo nada de ella. La ciudad ardió hasta desaparecer en cenizas.

La historia se convirtió en leyenda sin q nadie pudiese encontrar la ciudad perdida, por eso siempre habrá quienes digan q fue mentira, q la ciudad oculta nunca existió, q la princesa fue un cuento inventado por las viejas para contar a sus pequeñas hijas, sin embargo en la ciudad de Hiythlun aun se conmemora todos los meses de noviembre el día de la princesa y cuentan aun los marinos q se la suele ver, vestida de blanco, triste caminando por la superficie de los mares al atardecer, un eterno lamento la acompaña, y las gaviotas la saludan a su paso.

Esta es la historia de la más hermosa, la más pura, la princesa del sol.

Kahn se puso de pie nuevamente, la noche ya había caído, la hoguera se estaba apagando y era hora de regresar a nuestros hogares. Uno a uno fuimos saliendo de la sala de los cuentos, un deseo crecía en mi corazón, un deseo de contemplarla tan solo una vez, pues se supo q era más hermosa q las joyas ocultas bajo tierra.

Al salir el silencio solo se rompió cuando Grace dijo -nos volveremos a ver-.

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