Yo lo vi, el era un tipo sencillo, parado frente al abismo del tiempo, pero en sus ojos había más. Su mirada delataba una vida plagada de historias, sus sueños secretos eran plegarias. El estaba ahí, parado al mortecino sol, la tierra velada, las sombras de los bosques y el rio que corría atravesando el paisaje a la hora del fin.
Yo lo vi, el era un tipo sencillo elevando un ruego a un
dios que no quería oír, pidiendo por un tiempo de paz a un santo de la guerra.
Una a una las historias de su vida se sucedían en luchas titánicas del
existencialismo y lo llevaban al borde de una amarga locura.
Gritos de melancolía en su interior, delirios tremendos y
angustias mal curadas, tortuosas memorias de gentes que al fin daban pena. Al reflejo
maldito del espejo que trueca fantasía en realidad su vida se cortaba en dos,
mitad real, mitad ficción, ¿cuál era su vida?, ¿cuál era la verdad? Caminando
entre la multitud y recorriendo un camino en soledad.
En verdes praderas sus sueños anhelaban descansar, y la vida
condujo sus pasos por el sendero que ella misma olvido.
Yo lo vi, el era un tipo sencillo, parado en el abismo del
tiempo, la estrellas eran más brillantes aquella vez y la luna iluminaba su figura.
Solo era un hombre, a un paso del abismo y junto a él la blanca dama sin nombre
entonaba la mas dulce melodía. ¿Quién puede decir que broma macabra del destino
los junto aquella noche? ¿Quién puede saber lo que sintió al ver su vida
desfilando ante él?
La dama sonrió, y su sonrisa fue fría como el primer rayo de
sol de una pálida mañana invernal. –la vida duele, te curare, cierra tus ojos,
ya no hay dolor.-
Al fin pudo sonreír, al fin encontró paz, fue solo un paso
al país donde los sueños son poemas de amor.
Yo lo vi, yo estuve ahí, ese hombre era yo.
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