domingo, 26 de mayo de 2013

Sentires de Alma Viajera...

Subo los tres escalones, saludo al chofer, miro el boleto buscando el número de mi asiento, me toca ventanilla. Llego, acomodo mi bolso, reclino el asiento y las ruedas empiezan a girar.

Algo crece dentro de mí, incontrolable. Me incomodo, la ansiedad llega, me siento excitado. Es el andar por los caminos lo que me provoca un “no se que”. Kilómetro a kilómetro mi mente rompe los barrotes y escapa de la cárcel del cuerpo, me voy sintiendo libre a campo abierto, emocionado y melancólico a la vez.

Hay momentos, paisajes, lugares que extrañamente me transportan. Como el sol muriendo en la infinidad del horizonte, o las noches de luna en el campo. Recuerdo, aún cuando “chango” pasar el tiempo contemplando las estrellas. Provocan ceguera las luces que ocultan la belleza del firmamento.

Por la ventanilla las nubes grises van pasando y como sin tiempo van cubriendo la inmensidad celeste, una fina llovizna deja su marca en el vidrio. Es el mes de mayo y el paisaje regala, a quien lo aprecie una variedad de colores, de verdes, de amarillos. El día va tocando su fin y una bandada de patos va surcando el cielo en busca de los nidos. Yo también siento que vuelo.

La ruta me invita, me ofrece su belleza y esplendor. Recorriéndola renuevo las esperanzas, escapo por un momento de lo cotidiano, de la frialdad de los muros de hormigón, del ruido y las cosas que me hacen mal. En ella reflexiono. Es un espacio atemporal de plenitud y existencialismo. No quiero llegar ningún lugar, quiero dejar que sea la ruta quien me lleve por sus esteros y mesetas, por sus valles y montañas. Y yo seguirla, sintiéndome así, mimetizado en el paisaje, sabiendo que no soy dueño de nada, y que por un momento lo tengo todo.

Como una mole que aturde y aplasta el destino se empieza a dibujar amenazante, rompiendo la armonía. Otra vez el cuerpo, el frío, las luces,… la rutina de lo cotidiano. Y cuando bajo esos tres escalones vuelvo a ser solo uno más, caminando indiferente entre cientos de rostros anónimos y miradas que perdieron el brillo. Me pregunto si alguien más se siente como yo, si alguien más en algún es capaz de contemplar tanta belleza. Encuentro los ojos de un nene que me miran y sonrío.


Cuando apoyo la cabeza en la almohada se que la ruta sigue ahí, ha guardado mis secretos hoy y me espera. La ruta nunca duerme y yo volveré a andarla, volveré y otra vez seré libre.


Anitnegra agradece la colaboración, la paciencia, los mates de MAR para la realización de este texto.

1 comentario:

oscar dijo...

la ruta tiene eso magico y misterioso,mezcla de paz y peligro sera por eso que atrapa y nos hace soñar