Ingeniería del destino. El titiritero moviendo los hilos a su, siempre macabra, voluntad. Dos que condenados a entenderse están. Allí donde la tormenta pasa, calma en la desolación deja. Después del día, la larga noche.
Hombre que en la confusión del camino juraba pertenencia, empujado por la fuerza motriz, inconsciente, pre consiente, de vencer la muerte. A su espalda las huellas, en el lodo, todavía frescas. Al frente un nuevo cielo, el del nuevo día y una estrella pretenciosamente más brillante. Instinto, concupiscencia de la carne, eternidad. ¿Ser o no ser?
Donde el orgullo reina vanidad contagia. Doble moral de mujer, inconstante, inconsecuente. Cargando el macuto de palabras robadas. Escupiendo intrigas. Viviendo una realidad paralela, espejo de su propia creación. El sendero respeta al caminante, solo por eso vale la pena echarse a andar. De la traición no se vuelve jamás. Estando al borde del precipicio, ¿se detendrá?
En las sombras del pasado, se debate el presente y el olvido. Se presenta legítima, transparente. Solo quien camina entre sombras reconoce la luz. Apuesta, avanza, no teme. Decidida, eficaz y atrevida. Dela estirpe conquistadora. Implacable. Atravesando el pecho con lanza de hierro y su cama cinco estrellas. El futuro es construcción del hoy y no está echado a la suerte, será lo que nació para ser. Luz y nueva vida. ¡Convénceme, atrápame!
En el amanecer, hasta los más pequeños proyectan una gran sombra, enredado nuevamente yo,… yo hermano mío estoy convencido que fueron nuestros pasos, y no el destino, quien nos trajo hasta aquí.
Ahora dame pan y dime tonto.
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