lunes, 23 de junio de 2014

Así es el amor...

Puede que fuera invierno, pero la noche tenía la nostalgia de un verano pasado.
Puede que ese último trago nos hubo de nublar los pensamientos, pero la magia permaneció intacta.

Con atrevimiento, pero poco a poco fuimos entregándonos al juego sagrado de la pasión. Divertidos los dos, nos detuvimos a fumar un cigarrillo, mientras esa estúpida radio reproducía la guitarra de los hermanos Young.

Intrépidos, nos recorrimos con la mirada, y nos fundimos en la rítmica danza de los corazones sangrantes.

Suavemente, sus labios encontraron los míos y yo hubiera rogado por más. Despojados de todo prejuicio recorrieron mi cuello y mi pecho mientras sus manos me señalaban el camino. Sin detenerse buscaron en mí los signos evidentes del viaje hacia las sábanas.

Algunas palabras vulgares al oído, cuando las ropas, una a una, empezaban a caer.

Fue mágico zambullirme al mar entre sus piernas y sentir el sabor de sus gemidos. Un trance de nirvana cuando sus labios fueron al límite y más allá.

Nos unimos en un solo cuerpo al que el fuego abrazó y su lengua, insolente, derramaba torrentes de la más pura lujuria sobre mi piel, al tiempo que juntos en un espasmo de placer nos fuimos agotando.

Por un momento la noche brilló con la fuerza de cien soles, fue el instante en que ella se enamoró de mí y yo de ella, pero duró solo un momento…

Quería pedirle perdón si hoy no soy capaz de recordar su nombre, pero llevo grabado el dulce dolor de sus uñas en mi piel, el hipnótico sonido de su orgasmo y el sabor de su placer. Quería que sepa que no voy a juzgarla cuando de la mano cruce con él y no me devuelva la mirada.

Quizás algún día, en algún lugar, a la hora menos pensada nos podemos volver a enamorar.

Después de todo, así es el amor.



** Los hechos que se narran corresponden puramente a la fantasía de un desangelado.

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